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"Hizo llover sobre Sodoma y Gomorra, azufre y fuego desde los cielos.
Y destruyó las ciudades y toda aquella llanura".
Vestido de sangre
bajo la gloria del odio
me borraré en la distancia,
a la eternidad de las tinieblas,
a la quietud perpetua,
a la sublimidad mortuoria,
a la plenitud del misterio,
a la profundidad del caos,
a la nulidad inmutable.
Descendiendo, descendiendo,
yo soy el siguiente muerto,
al caos delirante,
yo soy ya un muerto.
Yo soy el siguiente cadáver,
caeré en un parpadeo
concédeme, Hades, el deseo de Aquiles,
mediante esta música de muerte,
el recuerdo entre los mortales.
Hay fuego en mi alma,
sombras en mi corazón,
entre recuerdos dormidos,
sueños y esperanzas.
Noches, noches eternas…
Fire in my soul.
Palabras,
susurros al viento se esparcen como llamas de inmortal esencia,
mística y vehemente entre nieblas profundas huellas y cenizas.
Noches, ¡noches eternas!
Fire in my soul.
Cubrieron tus cedas y labios de miel,
el acero clavado de odio y tristeza,
heridas al viento de ensueño y rencor,
sombras errantes y lagrimas negras.
Noches de magia y eterna quietud,
noches de niebla,
bruma y cristal,
noches,
¡noches eternas!
¡Hate in my soul!
Mi alma se ha tornado habitación de destrucción,
fuego de inmundicia,
cueva colmada de inmensa tristeza.
Mi alma esta marcada bajo la señal de la violencia,
presa,
atada,
victima encadenada de la guerra.
¡Hate in my soul!
Mi alma respira sangre de niños recién nacidos
victimas de la absurda guerra que destruye todo a su paso.
Alma de vitam, alma de mortem,alma de fuego,alma de metal.
No eres más
que un instante fugaz,
arrojado en el tiempo
sin conocimiento.
Tal como la noche
que extiende su manto
en el horizonte,
pero en unas horas
se pierde su rastro
al amanecer.
Coro:
El camino del guerrero
es dolor y sufrimiento.
El camino del guerrero
es misterio y tormento.
Con fuerte pasión
la vida ha batallado,
con constancia y valor
bajo el manto se ha iniciado.
Incansablemente
buscas el conocimiento,
por milenios ocultado
sabiduría ancestral.
Un camino espiritual
en busca de libertad,
donde no llega la luz
resuelve la oscuridad.
La tempestad que nunca se calma!
el enorme huracán que no calma,
La furia!
La furia que castiga:
los adúlteros, lujuriosos y rameras
que se perdieron en el camino del placer.
El cielo negro se complace de negarles su perversa lascivia,
que en la tierra derrocharon sus entrañas.
Y Aquellos que por amor corrompieron sus sentimientos
y los plasmaron con el placer de la carne,
son acreedores de este eterno sufrimiento.
Ni un lago de lágrimas basta.
Los gemidos y gritos de placer
ahora son llantos y lamentos
porque no hay mayor dolor,
¡Que Recordar con miseria los felices momentos!
Gritan historias de una mujer que reconstruyó babilonia,
con excesos; haciendo la lujuria la ley que cobijaba su reino;
Matar un rey y a su ejército por no aceptar sus excesos.
no era amor…. probar su carne era su deseo.
Perdidos por la seducción de cuerpos perfectos,
de mentes astutas que usaron su cuerpo y habilidad para demostrar
que el placer era por mucho superior que la rectitud.
se les apartará eternamente para que jamás puedan replicar
lo que en vida hicieron.
Las almas de quienes han fallecido son guiadas por Anubis por laberintos infinitos hasta llegar al tribunal de Osiris donde la justicia y la verdad será su aliado o su enemigo.
La perversión ha encarnado, la gente cree que no soy humano,
su miedo es lo que realmente me alimenta,
Sus rostros claman piedad,
pero no saben que su mirada me exacerba,
no comprenden que ese gesto despierta sin medida
mi inmunda ira.
Hipnotiza tu víctima con falso cariño y afecto,
la agonía adquiere mejor sabor cuando
su guardia está baja.
El poder adquirido por temor, es el mismo que los dioses romanos
se regodean de tener; el mismo que he de merecer.
Soy su dios, su rey.
No importa cual, aunque de ello dependa el despotismo y desasosiego
a quien cuestione mis deleites y mis caprichos.
Todos ustedes fueron hechos para servirme,
soy su emperador, su rey, su dios!
Atado a mí entretenimiento.
Maldad e incalculable poder, devoradora insaciable de infantes; responsable del sufrimiento, muerte y dolor de todos ellos.
Creencias y profecías de los indios Hopi, el hombre a pesar de todo lo que es se auto destruye.
A través de las sombras de la noche en este silencioso mundo
levantamos nuestras voces para cantar con tristeza en el funeral de un ángel.
Como un ejército,
como príncipes de las potestades de los aires,
elevamos a los cielos nuestro blasfemo lamento
desafiando a los dioses por nuestra mortal existencia.
Lamento perpetuo que emerges del fondo de mi alma;
todo lo que amo ahora perecerá en las llamas.
Lamento perpetuo
que alimentas mi odio,
del fondo de mi alma angustiada
desgarrándose entre la vida y la muerte.
Quiero callar mis gritos, pero en mi mente
se repite como un eco el mismo pensamiento.
¡Moriré!
En el negro horizonte caen las horas,
el silencio toma cuerpo emanando ecos y gemidos
que brotan de los cuatro picos de la tierra.
Es la sinfonía de la muerte,
que se pasea en el antiguo universo,
proveniente de mi alma angustiada
que toca los acordes de un órgano viejo
rodeado de flores y velas de cera que dejará de sonar
solo cuando mi cuerpo,
perplejo y sin vida, se encuentre colgado
ante el destino de ir al mundo del silencio.
Lamento perpetuo
que alimentas las llamas de mi alma angustiada
desgarrándose entre la vida y la muerte.
Al llegar la media noche un hombre entra al cementerio
y rompe el gran silencio con una gran campana.
Yo soy el animero,
quien recorre los caminos,
legiones de difuntos
caminen a mi espalda.
Yo soy el animero,
amigo de los muertos,
y canto un tono fúnebre
durante nueve días.
Tumba a tumba
el animero toca,
¡despierten moribundos!
Transiten este mundo.
Paso a paso
caminen a mi espalda,
atentos al llamado
de sus seres amados.
Al llegar la madrugada el hombre entra al cementerio
y hace que los muertos regresen a sus tumbas.
Tumba a tumba
el animero toca,
duerman moribundos
no son ya de este mundo.
Paso a paso
regresen a sus fosas,
que sus restos reposen
trescientos días más.
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